Mi relación con Dios
No se trata solo de «cumplir», sino de cómo está el vínculo: si Dios es alguien vivo en tu día o un tema pendiente.
- ¿Dediqué tiempo a rezar, aunque sea breve, o dejé a Dios para cuando «me sobrara» tiempo?
- ¿Fui a misa los domingos y días de precepto? Si falté, ¿fue por algo que realmente me lo impedía?
- ¿Recibí la comunión estando en paz con Dios, o sabiendo que necesitaba confesarme antes?
- ¿Puse mi seguridad en otras cosas (plata, éxito, la opinión de los demás, horóscopos, supersticiones) más que en Él?
- ¿Usé el nombre de Dios, de la Virgen o de los santos con falta de respeto?
- ¿Me enojé con Dios y, en lugar de decírselo en la oración, me alejé en silencio?
- ¿Cuidé mi fe: busqué formarme, preguntar, crecer? ¿O la dejé congelada en lo que aprendí de chico?
Mirar más hondo
Cuando me alejo de Dios, ¿qué hay detrás? A veces es desgano; otras, una herida, una imagen de Dios como juez o como alguien que no escucha. Preguntate qué imagen de Dios cargás y si se parece al Padre que muestra Jesús.